martes, 9 de noviembre de 2010

Un Dia De Lluvia.

Camila abrió la ventana de su cuarto y como de costumbre las gotas de agua resbalaban por el cristal. La oscuridad de afuera hizo que tomara el pequeño reloj posado en su mesa de noche para confirma la hora, eran las 6 de la mañana.
Este día no tenía nada de diferente a los demás pues era época de invierno y era normal ver ese clima a través de su ventana, tomó una ducha, se vistió y comió un desayuno como el de todas las mañanas; una taza de cereal con leche y una fruta para el camino. Tenía clases a las 7 de la mañana y ya era un poco tarde así que con prisa camino a través de la puerta de su casa y emprendió rumbo hacia su colegio, en el trascurso encontró infinidad de personas que se vestían de acuerdo a la ocasión, sombrillas por doquier, largos impermeables y más de un niño pequeño tan arropado que solo se veían sus ojos … esto causo gracia en Camila quien sonreía para sí misma mirando tan coloridos atuendos debido a la infinidad de gotas de que caían sobre todos en la ciudad. Ella por el contrario no se había vestido para la ocasión pues el tiempo no se lo había permitido, por tal motivo su uniforme se había tornado de un azul más oscuro del normal y su cabello estaba tan mojado como si acabara de salir de la ducha.
Llegó al colegio y muchas de sus compañeras estaban igual que ella, más de una había olvidado cubrirse para evitar mojarse por lo tanto el uniforme con ese azul diferente estaba más presente que el normal; las clases comenzaron como de costumbre con el saludo del profesor, el comentario sobre el mal clima que estaba haciendo afuera y el chiste diario que no causaba gracia en ninguna de las alumnas.
En el fondo Camila no estaba presente en esa aula de clases, todo lo que la rodeaba llevaba su imaginación a otro lugar, no necesariamente fantástico, ella deseaba estar en su cama esa que había dejado abrigada y cómoda, esa que estaba ahí esperando por ella. Las clases transcurrieron normalmente sin nada raro pero por fin se acercaba la hora del recreo, algo que todas ansiaban así hubiera sol o lluvia. La campana sonó y todas salieron del salón sin saber lo que afuera les esperaba. Camila y sus amigas se dirigieron a la cafetería para comer algo, hablaron un rato de cosas sin importancia, y de repente parecía que el cielo se fuera a caer, comenzó a llover mucho más fuerte y no solo eso sino que ahora no solo era agua lo que caía si no también granizo, el sonido retumbaba por todo el colegio y aunque la mayoría corrió a cubrirse de este aterrador clima Camila y sus amigas decidieron jugar con él.
Salieron de la cafetería con mucha prisa y en el patio central se encargaron de convertir en un juego total la llegada imprevista de ese granizo, unas se encargaron de hacer figuras en el suelo y otras empezaron a hacer muñecos de nieve con él, aunque era algo un poco absurdo el tener que soportar el dolor del hielo que quemaba en sus manos ellas lo disfrutaban tanto que eso era lo que menos les interesaba, conforme la lluvia fue cesando el granizo comenzó a derretirse y a hora las reglas del juego eran diferentes, el colegio contaba con una infinidad de lugares en los que el agua había convertido en pequeños charcos unos más grandes que otros, unos más profundos que otros; pero esos no importaban porque el patio central donde habían acabado de vivir un mágico juego con granizo estaba convertido en una especie de piscina pequeña con un nivel de aguan no tan alto ni tan bajo, definitivamente todas sabían qué hacer y los reclamos que hacían los profesores y hasta la misma rectora sonaban solo como ecos en lo más profundo, ecos que pasaban desapercibidos ante tal oportunidad, sin pensarlo una por una fue entrando al patio y ahora no solo Camila y sus compañeras formaban parte de esto, también estaban ahí el resto de sus compañeras y alumnas de otros grados.
Pasaron un momento único que todas recordarían después de graduarse, tampoco sería fácil de olvidar gracias al acta de seguimiento que les hicieron por indisciplina y el regaño que después recibirían cada una en sus casa por llegar en esas condiciones, el uniforme no solo estaba mojado, también estaba sucio y en algunas niñas hasta roto, en ese momento lo veían con mucha gracia, causaba la risa de casi todas pero después sería diferente.
Cuando todo paso y todas estuvieron ya en sus hogares con una taza de leche caliente para abrigarse uno que otro medicamento para no resfriarse Camila se puso a pensar en que esos recuerdos que dejaban plasmados esos momentos en su memoria nada ni nadie se los podría arrebatar, ni un regaño de sus padres, ni un seguimiento por parte de las directivas de su colegio, ni un resfriado que la tuviera en cama por un par de días y eso hacía que valiera la pena.
Este momento quedo plasmado en la memoria de todas las que lo vivieron o por lo menos lo presenciaron, todo esto ocurrió mientras Camila estaba cursando el ultimo año escolar antes de tener que irse a la universidad así que los días que vinieron con sol o con lluvia ella se encargaría de hacerlos memorables para sus compañeras, desde entonces no importaba lo que Camila mirara a través de su ventana a las 6 de la mañana de cada día, no importaba si había un sol delicioso o una lluvia incesante , ella sabía que ese día seria llenado de momentos mágicos para guardarlos en su memoria como uno de los tesoros más preciados, ya no tardaba tanto en salir de la ducha, ya no tardaba tanto en tomar su desayuno ahora después de cruzar la puerta de su casa todo se convertía en una hoja en blanco que se empezaba a escribir cuando cruzara la puerta de su colegio.






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